Niñeras del siglo XXI

Las consolas de videojuegos

Fátima Valdivia

Xbox, Play Station, Wii, PSP y otros nombres de consolas de videojuegos están en boca de muchos jóvenes de secundaria y niños de primaria. A veces hasta los de preescolar los conocen. Y es que más que una moda entre ellos, se han convertido en una herramienta básica para el entretenimiento de los pequeños.

Hace algunos años los niños se divertían con actividades como el “avión”, “policías y ladrones”, “stop” y salto de cuerda, entre otros juegos que se realizaban con los primos, hermanos, vecinos y hasta con desconocidos. La mayoría de las madres se dedicaba a las labores del hogar mientras los padres trabajaban y los abuelos se encargaban de los regaños.

Nunca faltaba el cristal roto, la vecina quejándose o las plantas maltratadas. Carcajadas y gritos eran lo que inundaba el ambiente, y de vez en cuando, algún lamento. Hoy todo es distinto. El entorno infantil está plagado de sonidos y luces. Personajes extraterrenos e incorpóreos son el tema común entre los estudiantes. Los padres y madres salen a buscar el sustento diario mientras los abuelos cuidan de los niños con la ayuda de los videojuegos.

Los infantes ya no juegan más que en las máquinas, o frente al televisor, con 20 botones controlan su universo y destruyen a sus enemigos, ganan carreras y descubren tesoros. Son diversos factores los que no has han llevado a esta situación.

En el caso de los padres, ya no es suficiente con que uno trabaje. La economía actual exige doble salario para cubrir las necesidades de una familia. Con la inclusión de la mujer en el ámbito laboral, ésta ha cambiado el hogar por la oficina. En el caso de algunas, su condición de madre soltera la hace buscar un salario mientras encarga a sus hijos a otras personas.

Desde hace 20 años, el número de hijos por familia se ha visto reducido, pocas son las familias en donde hay 6, 8 o hasta 10 hijos como en décadas anteriores, por lo que uno o dos hijos, se ven con más posibilidades de crecer aislados (mayormentes en el caso de uno), es más complicado que interactúen con otros niños fuera del ambiente escolar.

Aunado a esto, la inseguridad de los últimos años y el crecimiento urbano ha hecho que los menores socialicen menos, ya no es tan fácil permitirles salir por periodos largos de tiempo, mucho menos alejarse de casa o salir solos, pues e riesgo de accidente, robo o secuestro es elevado.

Finalmente los padres buscan recompensar a los hijos con objetos de los cuales ellos carecieron. También pretenden compensar con estos objetos lo que en la actualidad no les pueden brindar, como tiempo y atención. Las consecuencias están a la vista, niños sedentarios y obesos pero a veces con desnutrición. Poco sociables, su imaginación está centrada en los videojuegos y mucho de su tiempo también.

Está visto que las consolas también proveen a los menores de capacidades como desarrollo psicomotor e intelectual así como la posibilidad y el deseo para superar retos o enfrentar derrotas; pero los juegos de antaño, los físicos, también lo hacen y con un mejor resultado.

Sería importante que los padres de familia busquen alternativas para que las actividades de sus hijos sean más variadas y puedan abandonar las rutinas y vicios que a la larga podrán tener otras consecuencias de mayor impacto negativo en sus vidas.

Para que un padre sepa si conoce a su hijo, debería platearse algunas preguntas: ¿Qué le gusta? ¿Qué observa el niño en TV? ¿Cuántos amigos tiene y si conoce sus nombres? ¿A cuántos de estos amigos conoce en persona? ¿Qué deporte prefiere? ¿Cuáles son sus películas favoritas? ¿Qué música oye? ¿Tiene algún problema en la escuela, con algún compañero, con un profesor o con una materia?

Es importante señalar que no se debe “satanizar” el uso de los videojuegos o consolas, simplemente recordar que cualquier actividad en exceso es la que nos puede llevar a desequilibrios de toda índole, tanto física como emocional, por lo que es primordial la supervisión de los padres cuando sus hijos utilizan estos aparatos tecnológicos. Y si los mayores no tienen conocimiento de las consolas, será necesario que aprendan su manejo y un poco de su entorno.

Salir una tarde en familia o con otras familias. Visitar parques, comer juntos, correr en ellos. Inscribir a los menores en cursos deportivos o actividades culturales dónde interactúen con otros de su edad. Todo esto puede ayudar a que sean más ágiles, abiertos y con un mayor desarrollo mental e intelectual.

Educar no es una tarea sencilla, requiere una gran inversión de tiempo y dinero; sin embargo vale la pena observar el desarrollo de un niño en plenitud. Las recompensas pueden ser incalculables. Y habremos creado jóvenes sanos y activos.