Ironías independentistas

Morelos e Iturbide

Redacción

Un aniversario más del inicio de la Independencia de México. Es innegable que hubo hombres, personajes que marcaron la historia de este país. Figuras que se dedicaron en cuerpo y alma a defender sus ideales, por muy egoístas que parecieran.

Originario de Valladolid, actualmente Morelia. Hijo de José Manuel Morelos de oficio carpintero y de María Guadalupe Pérez Pavón. Morelos fue registrado como español, pero en realidad era mestizo con ascendencia negra.  Entre los años  1780 y 1790 laboró en la hacienda cañera de Tahuejo, en Apatzingán como contador. En 1790 ingresó en el Colegio de San Nicolás, donde realizó sus estudios. En el Seminario Tridentino estudió teología moral y filosofía en 1975. En la ciudad de México presentó el 28 de abril de ese año el examen de bachiller en artes en la Real y Pontificia Universidad.

Un cura poco ortodoxo. En 1803 nació en Carácuaro Juan Nepomuceno Almonte, hijo de Morelos y de Brígida Almonte.  Cinco años después, nació en Nocupétaro José Victoriano, hijo de Morelos y de María Ramona Galván, y se tiene noticia que en 1809 nació una hija suya también en Carácuaro.

José Ma. Morelos tenía grande simpatía por las ideas independentistas y era un hombre preocupado por la situación de la Nueva España. Con el poder que tenía por los cargos ostentados, supo que sería de gran ayuda para Miguel Hidalgo, de quien ya tenía noticias y su levantamiento en Dolores. El 20 de octubre se entrevistaron en el trayecto de Charo a Indaparapeo y recibió la consigna de levantar armas en la costa del sur.

Su primera campaña militar fue el 25 de octubre con un grupo de 25 hombres decididos a buscar la Independencia. En su paso por Nocupétaro, Huetamo, Coahuayutla, Zacatula y Petatlán consiguió más hombres y más armas. El 7 de noviembre en Tecpan se le unieron Juan José, Antonio y Pablo Galeana, quienes facilitaron un cañón apodado “El Niño”, primera pieza de artillería con que contó Morelos.

Sus puntos estratégicos fueron los estados de Guerrero, Puebla y Morelos, en ellos sus campañas militares fueron exitosas, conquistaba poco a poco, pero contundente. Otros insurgentes se unieron a él. Mariano Matamoros, Hermenegildo Galeana, David Faro y Vicente Guerrero, dieron muestras de gran destreza en las artes de la milicia.

El 14 de septiembre de 1813 declaró los Sentimientos de la Nación. Al día siguiente, el Congreso lo eligió Generalísimo encargado del Poder Ejecutivo, y el 18 declaró disuelta la Suprema Junta. Su estrategia fue decisiva para lograr todas las conquistas. El 6 de noviembre el Congreso emitió el Acta de Independencia, documento que fue la base para muchas de las leyes que hoy todavía nos rigen.

Empezaron las derrotas y el Congreso lo separó del poder ejecutivo el 14 de marzo de 1814. Decide quemar Acapulco. Fue perseguido por los realistas, llegó a Apatzingán, donde el Congreso publicó su Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana el 22 de octubre.

El 5 de noviembre de ese mismo año, al salir hacia Pilcaya, fue atacado por Concha y hecho prisionero por Matías Carrasco, antiguo insurgente. Fue trasladado a la capital. Llegó a Tlalpan el 21 de noviembre y el 22 a la ciudad de México. Se le inició causa y el día 27 fue declarado hereje y degradado. Pasó a la Ciudadela, y el 20 de diciembre Calleja lo sentenció a muerte. Fue fusilado en San Cristóbal Ecatepec.  Acabó un hombre y empezó la leyenda.

Su alteza serenísima

Agustín de Iturbide también nació en Valladolid, desde los 14 años se enroló en el ejército. Se negó a unirse a la guerra contra los españoles, por lo que fue subiendo escaños, su entrega al imperio realista fue decidida, no claudicó y ofreció fuerte resistencia contra la insurgencia. Enemigo de Hidalgo y Morelos.

Hombre polémico, acusado de abuso de poder, desfalco y otras irregularidades por lo que fue destituido de su cargo, después fue absuelto. Con todo eso, en una de sus visitas a la ciudad de Puebla, fue recibido con todos los honores, como a él le gustaba.

Las monjas de la orden de San Agustín, en el convento de Santa Mónica, le ofrecen un nuevo banquete, un platillo de manufactura reciente. Unos dicen que las religiosas eran los únicos ingredientes que tenían a la mano, otros aseguran que lo prepararon minuciosamente. La receta está formada por un guisado de carne molida con plátano macho, pera, manzana y durazno, con el cual rellenaban chiles poblanos y después eran capeados, para finalizar se cubrían con un aderezo de nuez y queso de cabra y se adornó con perejil y granada.

El manjar resaltaba a la vista. El sabor inigualable. Hoy la tradición perdura y seguramente sin Iturbide, no existirían los chiles en nogada.