GRAFFITI

Arte, moda o vandalismo

Fátima Valdivia

La palabra Graffiti es de origen italiano y se deriva de Graphos que significa Escribir.

Los encontramos en paredes, puentes, túneles, puertas, balcones, postes, baños y hasta en lugares de difícil acceso. Como parte de la sociedad podemos admirar o repudiar las pintas, rayones y murales que hay en la ciudad y que han acaparado ya casi la totalidad de nuestro campo visual.

Es difícil encontrar una calle que tenga una pared limpia libre de rayones, realizados por jóvenes que aseguran es un medio de expresión. Pero es necesario saber cuándo se trata de una obra artística y cuándo es mero vandalismo.  Existen los tags, que son firmas o apodos plasmados con un estilo original, no expresan más que el hecho de que
alguien pasó por ahí y decidió poner su “huella” en una pared. Incluso se les ha llamado “miadas de perro”, con las cuales delimitan un territorio.

Pero estos símbolos no representan más que la falta de respeto por lo ajeno y la poca educación recibida en casa; de ahí que la gente con paredes grafiteadas recuerde con frecuencia a las progenitoras de los autores. Todo esto implica gastos para la limpieza o restauración del muro dañado.

Dentro de la clasificación de los graffitis, también se cuentan los Throw up, que son palabras con forma y fondo, son mensaje más elaborados y con mayor complejidad pero sin dejar de ser texto. Otros son los Piece, letreros más complejos, en ellos se pueden incluir slogans o frases largas.

En las calles de nuestra ciudad también podemos encontrar secuencias de la misma imagen o palabra, plasmadas con igual precisión; a éstas se les conoce como plantillas y son utilizadas también como un medio de expresión más enfocado a cuestiones de índole social y político. Con ellas sus autores buscan es crear retención de la idea en los ciudadanos.

A diferencia de las mantas en puentes peatonales en las que se exige a las autoridades  apoyo para los defraudados por Sitma (por ejemplo), los grafos con plantillas ocupan pintura indeleble, que no se quita como una manta al cortar sus hilos, y que para borrarlos requiere de pintura más cara que la que usó el propio grafitero con su aerosol comprado incluso en una tlapalería.

Sin embargo hay un estilo de graffiti que no daña ni la economía, ni el paisaje público, ni la pupila, y es precisamente el llamado Arte Callejero, que se originó gracias a grafiteros con el genuino interés de demostrar que no sólo saben hacer rayones, sino también pinturas estéticas que pueden convertirse en obras dignas de admiración, tal como ha sucedido en Puebla, en donde algunos colectivos juveniles han realizado diferentes murales en la ciudad, dándole un aspecto distinto a barrios como el Alto, Xanenetla o algunos mercados.

El arte callejero, como también se le ha denominado al graffiti, por utilizar aerosol como principal material, muros como lienzo y sobre todo un estilo original y único de quien lo realiza, se ha convertido en una de las expresiones más tolerada, incluso a veces, admirada por la sociedad, ya que expone de manera explícita y creativa un sentir a nivel social.

En la ciudad de Puebla podemos encontrar diversos murales,  basta ver el puente que entronca el Boulevard Atlixco con el del Niño Poblano, donde hay diversas plantillas: palomas que simulan talavera y un payaso llorando que bien simula una fotografía. En los puentes peatonales de CU también se pueden observar diversos graffitis artísticos así como en el puente de Ovando y las colonias antes mencionadas.

Generalmente estos tipos de pintas son autorizadas por las autoridades o los dueños de los muros o casas, quienes buscan encausar a los jóvenes a la creación de arte y no de expresiones vandálicas. No obstante, hace falta un plan integral a nivel gobierno para más que esto suceda. Es importante resaltar que la práctica de los grafiteros es imposible de detener, pues para muchos jóvenes es una forma de expresión, sin importar edad o clase social.

Para las autoridades es difícil evitar que se realicen pintas durante las madrugadas, pues a pesar de los operativos implementados para ello, el número de quienes realizan estos rayones es mucho mayor al de las autoridades, sin contar a quienes no vigilan y prefieren “echarse una pestañita” en su patrulla.

En un primer análisis, la raíz de esta situación se encuentra en casa, pues son los padres los que deben encargarse de educar a sus hijos con valores que los ayuden a vivir en paz dentro de nuestra sociedad. Es momento para inculcarle a las nuevas generaciones que las formas de expresión son garantías individuales, pero tienen su límite donde empieza el derecho ajeno.

En países de Estados Unidos y Europa, desde hace décadas, el graffiti dejó de verse como vandalismo y hoy tienen grandes grafiteros con renombre internacional; incluso marcas de diversos productos los contratan para sus campañas publicitarias. No cabe duda que cualquier actividad encausada correctamente, dará satisfacciones.