La puerta falsa
Suicidio
Anatanael Medina

Las razones son desconocidas. Puede ser todo y nada al mismo tiempo.
Tristeza, enojo, desconcierto y una vida llena de problemas son las causas que pueden a llevar a una persona a quitarse la vida.

Javier tenía 16 años, cursaba el primer año de bachillerato. Tenía pocos amigos, pero los que lo conocían dicen que era un joven normal, que hacía lo mismo que todos. Que “echaba la cascarita” y sabía darle a la portereada; que no lo escucharon quejarse de algo en especial, tampoco de la escuela o la vida en casa.

Sus profesores dicen que era un estudiante promedio, las calificaciones lo avalan; participaba de vez en cuando, aunque su carácter encajaba más en lo que por estereotipo denominamos como introvertido. De aspecto físico delgado, pero sin caer en el exceso. Sus pláticas versaban siempre sobre el manga y las cultura japonesa; su sueño o proyecciones a futuro, el diseño gráfico.

En casa era muy tranquilo. Adda, su madre, afirma que vivía casi en su habitación, poco salía al exterior, se encerraba a dibujar, escuchaba música y poco veía televisión. Para ella, el comportamiento de su hijo era un poco extraño, pero no la hizo pensar en que un día él terminaría con su vida.

Miriam, la novia, dice que en varias ocasiones él señaló que se sentía extraño, que las cosas no le estaban llamando la atención y que la vida no tenía sentido. Que tenía muchas preguntas y dudas existenciales. Ella, como adolescente, pensó que eran temas sin relevancia, que era cuestión de tiempo para que Javier mejorara. La voz se quiebra y las lágrimas salen. Sonríe, dice que ya tiene otro novio y que lo que pasó hace tres años, cambió su vida, pero lo ha superado.

Javier ese día no fue a la escuela, aunque se vistió de uniforme. No salió de casa pero se bañó y arregló sus cosas como siempre. Su madre salió después de las 9:00. Él escuchó música por un rato, quizá revisó o realizó algún dibujo. O tal vez la libreta tenía varios días abierta en la misma página. Su habitación no estaba limpia, pero todo se veía tan normal a simple vista. Permaneció en silencio por una hora más, quizá dos. Tomó una bufanda y le realizó un nudo alrededor de una varilla y después en su cuello.

Ninguno de sus familiares pudo evitarlo, tampoco Miriam o sus amigos. El recuerdo sigue lastimando a su madre, quien se sigue haciendo la misma dolorosa pregunta: ¿Por qué?

Javier se sumó hace tres años a las estadísticas del suicidio juvenil, un problema que está latente en Puebla, pues según datos oficiales, cada 46 horas un joven o niño se arranca la vida en la entidad poblana. Ante estas cifras, diversas instituciones están tomando cartas en el asunto y empiezan a hacer propuestas, si no para frenarlo, sí disminuirlo. Hasta el cierre de esta edición, se tienen registrados 190 suicidios en lo que va de 2011.

Las causas son desconocidas, aunque a veces quien se quita la vida encuentra en diversos motivos la justificación para tomar esta decisión. Sin importar edad, condición social, religión o nivel de estudios, el suicidio es una forma para muchos inexplicable (principalmente para los familiares), de escapar a la realidad; para otros es cobardía, miedo, impotencia, tristeza o dolor, pero es un problema social que se tiene que enfrentar de forma integral.

Por su parte, la Universidad Autónoma de Puebla, empieza a tomar cartas en el asunto. El 3 y 4 de noviembre realizó el Primer Encuentro Estatal y VI Jornada Sobre Tendencias Suicidas, a través del cual se inició la recolección de datos sobre este fenómeno. En el evento estuvieron especialistas de diversas disciplinas, pero además de los datos, se iniciarán foros en los que se exponga el problema y se presentarán propuestas en distintos niveles para la reducción de este problema.

Por su parte, las autoridades municipales y estatales también abrirán diferentes espacios para que la ciudadanía se acerque y tenga más conocimiento del tema, además de prestar servicios que ayuden en la prevención del suicidio. Y es que según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía INEGI), se tiene un incremento alarmante en las cifras, pues en 2005 se registraron 123 suicidios; en 2006 fueron 179; en 2007 160, en 2008 sumaron 152; para 2009 se reportaron 195 y en 2010 ocurrieron 234 suicidios en la entidad.

También los datos de la dependencia informan que los tres motivos principales que orillan a los jóvenes a quitarse la vida son el acoso escolar, problemas económicos y conflictos familiares o de pareja. Los métodos que más se utilizan para este fin son el ahorcamiento, el envenenamiento, el corte de venas y disparo de arma de fuego.

Es por todo esto, necesario que las instancias enfocadas a la integración familiar, busquen los mecanismos de apoyo para, en primer lugar, detectar las tendencias suicidas, y después aplicar las políticas de prevención que puedan revertir estas cifras.

Pero también es tarea de toda la sociedad atender el problema, pues en la mayoría de los casos, según los especialistas en el tema, concuerdan que si se pusiera la debida atención en dichas tendencias, el número se reduciría considerablemente.

Aunado a esto, hay otros factores que pueden influir en la toma errónea de decisión de quitarse la vida, tales como el consumo de drogas o alcohol; depresión y problemas de personalidad. También los especialistas concuerdan en que muchas veces si se escuchara a la persona con estas tendencias, sería suficiente para evitar un suicidio, pues el 90% de éstos se llevan a cabo en la soledad.

Sicólogos reportan que para evitar este tipo de situaciones, los padres deben vigilar el comportamiento de sus hijos, aunque muchas de las veces no hay síntomas notorios, se debe prestar atención en los cambios de comportamiento. Si hay extrema introspección o si se perciben dejos de tristeza y nostalgia excesivas, pues a través de estos cambios se pueden detectar las tendencias suicidas.

Así mismo tener contacto con los amigos, con la pareja y hasta con los profesores. Verificar constantemente, pero sin violentar su privacidad, las habitaciones y lugares que comúnmente habita. Conocer la música que escucha y los gustos por otras actividades.

Finalmente, y como en toda relación humana, es necesario una comunicación abierta, siempre escuchando, preguntar si tiene algún problema escolar o interno. Saber si tiene gusto o no por las actividades que realiza, saber si se siente satisfecho con lo que va realizando y sobre todo, ser perceptivos a sus necesidades aunque no las expresen abiertamente. Aunque todas estas a veces no son tareas fáciles, es importante iniciarlas.