Cultura a largo plazo
Omar Valverde

Caminar por la ciudad en donde “la vida no vale nada, en donde comienza siempre llorando” no tiene precio. León, es un sitio lleno de artesanías, igual que Guanajuato, sus calles son estrechas, serpentean en un subir y bajar capaz de agotar a los más experimentados deportistas. El cerro del Cubilete es un espectáculo grande para cualquier persona, sea o no católica. Observar el paisaje desde esa altura es inolvidable.

Las “callejoneadas”, guiadas por una tuna o estudiantina es un espectáculo visual auditivo que hace a los participantes olvidar el mundo, sus problemas y proporcionan un estadio de paz, tranquilidad y alegría. El clima es perfecto y si hubiera frío, sería borrado por la larga caminata, por ese subir y bajar que por momentos parece interminable.

Hace unos días, una institución cultural invitó a parte del staff de Vocero El Clarín, a conocer la oferta turística que Guanajuato ofrece a sus visitantes. Así, con maleta en mano, nos dimos a la tarea de conocer, recorrer el mayor número de sitios posibles de esa entidad para adentrarnos en el famoso pueblo lleno de historia, folclore y tradiciones.

Fueron cuatro días en los que nos metimos de lleno a la cultura de ese sitio. Lugares de interés para todos los visitantes fueron el marco para la realización del Festival Internacional Cervantino, evento que durante los últimos 39 años ha mostrado a nivel internacional las más diversas expresiones artísticas.

El recorrido lo iniciamos en Dolores Hidalgo, ese lugar donde no un grito, sino un llamado a la libertad fue el inicio de la independencia de nuestro país. Diversos museos muestran la genealogía del Padre de la Patria, así como todas las actividades que ahí realizaba. La mayoría de las actividades culturales hacen referencia a este personaje poseedor de un magnetismo único que ha sido inspiración para pintores, escultores y todo tipo de artistas.

En esta pequeña pero hermosa ciudad también se encuentra la tumba del compositor e intérprete, José Alfredo Jiménez (1926-1973). Enmarcada por un enorme sombrero de bronce y aunada a un largo camino de coloridos azulejos que simulan un sarape, se pueden escuchar las melodías que nos heredara este artista del pueblo.

Otro de los lugares con gran atractivo es San Miguel de Allende, lugar en donde se encuentra la Parroquia de San Miguel Arcángel, un edificio lleno de historia y que no pasa desapercibido para ningún visitante. Su construcción data de 1560, aunque ha pasado por diversas modificaciones y estilos, hasta terminar con la fachada que conocemos actualmente y aunque para muchos este estilo nunca ha encontrado el equilibrio con la plaza colonial que la envuelve, se le dotó de una personalidad que tal vez no hubiera obtenido de otra forma.

Un atractivo que abarca varios puntos es la ruta de la Independencia, en la cual conocimos los puntos estratégicos por los que avanzó Miguel Hidalgo hasta llegar a la ciudad de México. Todos estos, paisajes e imágenes que literalmente nos transportaron a esa época y pudimos recrear una de las más importantes batallas que se han librado en nuestro país.

Por su ubicación geográfica, la naturaleza le otorgó a la zona de Guanajuato grandes yacimientos de oro y plata, por lo cual es un estado lleno de minas dedicadas a su explotación. Un recorrido en descenso de casi 100 metros nos llevó al interior de una de éstas, “La Valenciana”, en donde nos explicaron los diferentes métodos de extracción, así como las condiciones en las que trabajaban los mineros y las mejoras que se han implementado para su seguridad esté siempre salvaguardada.

Artesanías al por mayor se comercializan en Atotonilco, la cerámica es su principal producción y la comunidad cuenta con su propia fábrica, en donde verdaderos artesanos se dedican a la producción de cada una de las hermosas piezas que existen. También hay una gran variedad de dulces de la región, que hacen las delicias de los visitantes.

Si de gastronomía se trata, Guanajuato cuenta con una gran variedad de platillos, con algunos de los cuales fuimos agasajados, entre ellos destacan las pacholas guanajuatenses, empanadas de carnitas, pan de Acámbaro, fiambre estilo San Miguel de Allende (mezcla de diferentes tipos de carne de res, pollo y cerdo- con frutas y verduras en aceite y vinagre); pero definitivamente las clásicas son las enchiladas mineras. Sus bebidas más conocidas son el agua de betabel, cebadina, licor de fresa y agua de mezquite. Y para un menú perfecto, no faltaron los postres como las fresas de Irapuato con crema o gelatina de cajeta o cristalizadas.

Finalmente nos dimos cuenta que cuatro días no son suficientes para conocer este maravilloso lugar, por lo que el staff, nos hicimos la promesa de volver, ya que la gente tiene una calidez especial y están siempre con una sonrisa a flor de piel.

Al regresar, nos hicimos una pregunta: ¿Por qué el gobierno del estado de Puebla no realiza este tipo de promoción turística. En años anteriores se realizaba el festival “Barroquísimo”, opción cultural que pudo haber posicionado a Puebla en la mira internacional, además de la oferta turística que el estado tiene para los visitantes. Son muchos los sitios que podrían generar ingresos por concepto de turismo al estado, hay un gran número de poblaciones dignas de ser visitadas. ¿Cuánto más habrá que esperar para que se tomen la acciones adecuadas? Son sólo preguntas.