Carlos Vélez

Fueron más de 20 mil ciudadanos, sin importar lugar de procedencia, los que se pronunciaron en contra de su jefe de estado, es por de más evidente que no hay gobernabilidad suficiente; hablamos entonces de ineficiencias propias del líder y sobretodo un clima de inestabilidad social en la republica. Y es que eso pasa en la actualidad en México, un país sombrío y violento que se ha acostumbrado a ver sangre corriendo por sus calles y predios todos los días.
La Corte Internacional de Justicia de la Haya, recibió el pasado 25 de Noviembre una denuncia en contra del C. Felipe de Jesús Calderón Hinojosa por delitos de crímenes de guerra y contra la humanidad, la cual a más de un allegado dejó con “los pelos de punta”, pero en lo general, y en satisfacción del mexicano común, es considerable y hasta admitido tal pronunciamiento; estimando que en los últimos años la violencia e inseguridad nacionales han aumentado en forma considerable, por lo que la embestidura presidencial ha perdido todo indicio de respeto ante los ciudadanos.
Sin embargo, habrá que destacar que la demanda no es en contra de la calidad presidencial que ostenta Felipe Calderón, es precisamente a su persona y procedimientos deliberados que se sustentan en apariencia sobre sus obligaciones como primer mandatario de estado; pues es innegable que la estrategia ha fracasado y que el buen poblador no permitirá la huída de un “genocida” como lo catalogan algunos, que no es justo el goce de un fuero político para un personaje que ha causado la decadencia del conglomerado nacional en todos sus rubros, que no puede ser intocable aquel que ha cometido desventuradas diligencias y que han costado casi 50 mil vidas, vidas productivas, muchas vidas inocentes.
Es ahora que la misma Corte Internacional se ve en un dilema social altamente complejo, porque su calidad como mediador e impartidor de justicia alrededor del mundo se contrapone a su corresponsabilidad diplomática ante estados calificados como democráticos por estatus y su figura representativa en la primera silla o trono. Habrá que esperar la resolución jurídica de esta manifestación, misma que para algunos especialistas en jurisprudencia y leyes no cuenta con sustento viable; voces insurgentes se alzan en favor de este llamado de justicia popular, sin embargo, no hay quien asuma la totalidad del juicio social que esto repercute.
Por su parte, la oficina central de la presidencia en México no ha dado mayor veredicto, y el acusado, en espera de tomar el banquillo, persigue aún a delincuentes que le han visto la cara, que lo tienen en la mira y que “Dios lo bendiga” por amanecer un día en la cajuela de un vehículo con la sentencia precisa que los mexicanos, hartos de la inestabilidad, esperan evidenciar para subsanar el tema.
Insisto, habrá que esperar.