Angélica Soberanes

Comienza el otoño y las hojas caen. El viento sopla y los frentes fríos en nuestro país anuncian la llegada de las dos estaciones más heladas del año, sin embargo no hay de qué preocuparse, el calor de todo el pueblo mexicano será suficiente para pasar el invierno: ha llegado el Teletón.
A casi quince años de su existencia en México, esta celebración mediática y altruista ha recibido múltiples críticas en todos los sentidos. Hay quienes, habiendo tenido la experiencia de un familiar o un amigo cercano con discapacidad que haya sido beneficiado con los servicios de alguno de los 19 CRIT´s (Centros de Rehabilitación Infantil Teletón), se muestran contentos o en el peor de los casos; habiendo aceptado que existe toda una organización económica, mediática y social detrás, se limitan a expresar que de todas formas “si no lo hicieran ellos, ¿quién lo haría?”
Este año fue particularmente significativo para los poblanos ya que se comenzó la construcción del CRIT en la capital del estado, evento engalanado por el recién electo gobernador Rafael Moreno Valle Rosas y lleno de inconsistencias administrativas, razón por la cual, Vocero El Clarín retoma la reflexión acerca del tema que ya se había señalado en una edición pasada.
Las críticas más severas a esta celebración de derroche socioeconómico, se centran en el hecho del uso del chantaje emocional en televisión para generar compasión en los televidentes y motivar el donativo, acciones que caen en la exageración y que llegan a considerarse insoportables para una gran parte del auditorio.
Otros más analistas, nos recuerdan lo que ya es conocido por todos, que las grandes empresas que participan pueden deducir impuestos por cada peso que están donando y en el caso de la propia Televisa, además recibir un bono por parte del gobierno. Aunado a lo anterior, no debemos olvidar que muchas empresas “optan por descontar un aportación voluntaria” del sueldo de sus empleados para participar dignamente en la donación sin poner nada o casi nada de su bolsillo.
Lo cierto es que este año, el 2 y 3 de diciembre no fueron la excepción en cuanto a gastos innecesarios y a derroche se refiere. Artistas de la talla de Britney Spears o Enrique Iglesias, prometen hacer su aparición sobre todo para promocionarse, tal como parece ser el caso de las empresas que además de donar, pagan espacios publicitarios y aprovechan los cinco minutos de fama para aparecer en televisión. Y nadie los culpa por ese hecho, pero tampoco podemos evitar considerar la posibilidad de realizar un evento altruista más discreto, en el que el objetivo de ayudar se cumpla per se y no intercambiando favores comerciales que salen a la luz pública como parte de una estrategia de mercadotecnia.
A pesar de lo anterior, existe un movimiento en toda Latinoamérica llamado Organización Internacional de Teletones (ORITEL) que pone en marcha el Teletón cada año en sus respectivos países replicando lo que alguna vez comenzó en Chile por iniciativa del conocido presentador “Don Francisco”.
Nadie niega que hasta con las causas sociales se puede lucrar, pero las críticas se vuelven más fuertes para la organización Teletón en nuestro país, ya que es una de las más ostentosas y sobre todo, porque el pueblo mexicano está cansado de creer en ideas que no llegan a cumplirse. La estrecha relación de Televisa con nuestros representantes políticos nos abre nuevamente la herida de la incredulidad y el fraude considerando además, la extrema pobreza que vivimos y que llega a ser insultante después de conocer que en nuestro país, están algunos de los hombres más ricos y poderosos del mundo.
La confianza en la organización y los fines que hay detrás de eventos como el Teletón, está a la baja por lo que se han tomado medidas publicitarias encaminadas a mejorar su imagen tales como testimonios de personas que fueron beneficiadas en alguno de los Centros de Rehabilitación y ejemplos de personas que no creían (como muchos de nosotros) en la extrema bondad de esta iniciativa y han cambiado de parecer después de conocer cómo opera alguno de estos centros.
Nadie niega que labores como esta son necesarias y que todos los grupos vulnerables necesitan de nuestro apoyo y una mejor inserción en la sociedad, pero lo que molesta a los mexicanos que estamos hartos de la mentira y los dobles discursos, son las formas. No tiene nada que ver la apatía de una persona negando el donativo al Teletón o a cualquier otra organización, con el hecho de que ésta posea una bondad o una caridad grandes así como tampoco puedo identificar una relación directa entre la bondad y la caridad hacia una persona por el hecho de organizar un evento altamente lucrativo y mediático legitimado por asociaciones civiles y apoyado por empresas que obtienen múltiples beneficios de su participación.
El ser humano es pues, bondadoso por naturaleza y siempre es llamado a ayudar cuando se le presenta la oportunidad pero no olvidemos que los sentimientos que nos mueven a realizar lo anterior, deben de ser genuinos; esto quiere decir, que debemos estar convencidos desde la raíz hasta la punta de que nuestra ayuda será bien recibida y agradecida, en muchos de los casos, directamente por las personas beneficiadas.
Es por lo anterior, que nos cuesta tanto trabajo creer en que estamos llevando a cabo un acto genuino, si encontramos tantos intereses de por medio. Porque para ayudar no necesitamos intermediarios, el ser humano siempre tiene la necesidad de ver los frutos de su actuar de forma cercana e inmediata y no me refiero a la cercanía física porque si así fuera, basta con ir a visitar uno de los CRIT o escuchar alguno de los testimonios, pero se trata de experimentar esa cercanía con la causa desde nuestro interior, cosa difícil de lograr si interviene un acaudalado intermediario que además tiene mucha “cola que le pisen”.