Angélica Soberanes

Como experiencia de vida, no podía faltar en mi lista de actividades el participar en un evento deportivo tan sublime como lo es una carrera atlética. Si bien mis escasos entrenamientos me permitieron únicamente la participación en la modalidad de 5 kilómetros, el convivir con tanta gente apasionada por cuidar su salud y cumplir un compromiso trazado con ellos mismos, fue el aliciente perfecto.
Delante del telón todo transcurrió de maravilla, la mesa estaba puesta para que todo marchara sobre ruedas, pero mi sorpresa fue mayor al momento de volverme espectadora. Lo más interesante fue lo que pude apreciar tras bambalinas.
Este año la edición del maratón se convirtió; además de un espacio de deporte, convivencia y recreación, en un momento para expresar los más variados rumores y posturas acerca del mismo. Los antecedentes están enmarcados en el cambio de gobierno tanto estatal como municipal, aunados a la muerte lamentable del antiguo titular del Instituto Poblano del Deporte, Salomón Jaulí Dávila también llamado “el padre del Maratón en Puebla” quien se quitó la vida un 5 de diciembre de 2010, y que fuera el responsable de la organización de este evento deportivo en ediciones anteriores.
La competencia que abarcó recorridos de 5, 10, 21 KM y Maratón, se llevó a cabo el fin de semana del 26 y 27 de noviembre del año en curso registrando una inscripción de aproximadamente 30 mil participantes en todas las modalidades. Sin embargo, existieron algunas molestias por parte de los corredores y los asistentes.
Los comentarios tenían que ver con el descontento por los cambios con respecto de otros años y las quejas iban desde el poco suministro de agua para los competidores, hasta la forma en que el staff se dirigía al público participante. En entrevista, el corredor César Montesinos quien logró su meta de concluir el Maratón por primera vez, comentó que en años anteriores había suministro de algunas frutas o comida energética en las zonas de abasto pero que este año “sólo nos daban bebidas y eso, en vaso, ya que no podíamos tomar la botella”.
Además, en días anteriores al evento se ventiló en algunos medios electrónicos de comunicación, el presupuesto de 3 millones 208 mil 465 pesos, entregado a una empresa llamada Ploug Marketing para la organización de un acontecimiento deportivo que el año pasado se llevó a cabo con alrededor de 600 mil pesos y cuya logística fue precisamente encabezada por Salomón Jauli quien además es recordado de manera especial por los poblanos gracias a su labor a favor del deporte en el estado, logrando mantener una relación cordial con al menos tres gobernadores antes de su deceso.
Otra peculiar imagen fue la de un elemento de seguridad aconsejando a un representante del INPODE para que a la próxima –dijo: “no vayan a tener todo sucio cuando venga el gobernador”, comentario que se logró escuchar minutos antes de que RAMOVA hiciera su llegada la cual se rumora fue en helicóptero, para entregar los premios a los ganadores del Maratón.
Sean las razones que sean, lo cierto es que el sentir general de los asistentes fue claro: la organización fue mejor el año pasado. Nada quedó de la energía con la que se desarrolló el evento en 2010, en el que la zona de meta se trazó para cada recorrido en particular y se podían escuchar algunos grupos de música en vivo cerca del final del mismo.
Este año, la desesperación por desalojar el área de llegada, provocó que algunos de los organizadores alzaran la voz al punto de llegar a gritar para que la gente caminara más rápido, no tomara la fruta dispuesta a su paso porque “no era para ellos” y por si fuera poco, se limitó el entusiasmo de los corredores que tuvieron la mala fortuna de llegar al mismo tiempo que el ganador del Maratón ya que para que su llegada no perdiera protagonismo, se desviaba a los otros competidores al lado izquierdo, cosa que no hubiera sucedido si las llegadas a meta se hubieran situado en diferentes puntos.
Otro detalle fue el cambio repentino a casi una semana de que iniciara la competencia, del recorrido que se había señalado en la página oficial del evento, situación que evidentemente causó molestia entre los participantes. Lo que a primera vista parecía un Maratón como cualquier otro, se desarrolló en un ambiente lleno de situaciones molestas, como el hecho de que se acabaran las playeras que se entregaban dentro del paquete de corredores.
Si querían romper el récord de inscritos, ¿por qué no se prepararon con suficientes paquetes? Bien podían monitorear la cantidad posible de corredores para evitar este tipo de contratiempos pero no fue así. El paquete que se entregaba a los inscritos contenía el número del corredor, una playera y el boleto para participar en la rifa de un automóvil, sin embargo, a los últimos corredores de las categorías menores solo les tocó su número de participación y eso fue todo.
¿Qué mas podríamos agregar a este sentir de los ciudadanos? Definitivamente lo más triste de todo, es la poca difusión que se le da en Puebla a eventos deportivos y culturales de los cuales nos tenemos que enterar a través de medios especializados o rumores de boca en boca. ¿Por qué no dar difusión si es una actividad que nos afecta a todos, seamos o no competidores? No se puede negar que algunas personas se molestaron por encontrar las vialidades cerradas y ni siquiera tenían conocimiento de lo que estaba pasando cuando debería ser un asunto además de deportivo, público, ya que tiene lugar en las calles de nuestra ciudad.
Por último, quisiera cerrar con una reflexión recogida horas después de terminado el recorrido de los 5 kilómetros expresada por un ciudadano de a pie como usted o como yo: “Si Salomón Jauli viera esto, se volvería a morir”.