Carlos V. López

Con la llegada del presente año la carrera protocolaria por la silla presidencial en Los Pinos se ha tornado por demás vertiginosa, los diferentes partidos políticos apuntan ya a sus contendientes en busca del máximo gobierno y entre “pillos”, “morenos” y “copetones”, la disputa se arrecia y toma unos a otros por sorpresa, enfrasca las más grandes batallas de ignominia y guerra sucia que bien podrían presentarse en programas televisivos como Extranormal o en los bluppers de fin de año.

Pero; ¿Qué sucede con el México contemporáneo?. Que prefiere ver a la flaca Laura gritando: ¡Que pase el desgraciado!, con la esperanza ferviente del telespectador esperando verla masacrando a alguno de nuestros brillantes diputados; o elije consultar Facebook para saber si por hoy tiene más amigos que ni conoce, mientras busca la nueva rola de Wisin y Yandel que seguramente escribió Espinoza Paz, donde el tema de la melodía tendría que ser “El narco ha matado mi sexy corazón el último viernes”.

Y es que a casi cien años de demagogia disfrazada de democracia por esos cuantos influyentes que hacen llamar “representantes del pueblo”, es el ciudadano promedio quien hoy en día no se fía de la más mínima insinuación de hipocresía política por parte de alguno de ellos, ha concebido el pensamiento de que el país no va a cambiar ni para bien ni para mal y que lo mejor que podría sucedernos sería una invasión de chinos que por fin hiciera posible ver a nuestro México como potencia mundial.

Pensar que el problema surgió a inicios de este milenio con la llegada al poder de Vicente, el viejo zorro con botas y toda la banda pitufera envuelta en banderas de izquierda, sería temerario y hasta irresponsable; puesto que la película de cambios estructurales e ideologías revolucionarias no es nueva, es tan añeja como la prostitución, misma en la que nuestra civilidad se encuentra sumergida y nos exhibe como una comunidad indulgente suscrita a la voluntad de quien ofrezca mas plata por nuestra integración como sociedad y el bienestar de nuestro trasero.

Tampoco fue el problema cuando la matazón y las traiciones de Elías Calles eran cosa cotidiana, y ni me atrevería a suponer que sucedería tras el robo electoral al Peje y la llegada de la plaga bélica del Gánster Caldebrón

Esto va más allá, tiene sus orígenes en la misma displicencia de nuestra estructura social; porque dejar en manos de algunos cuantos nuestro desarrollo nacional sin la más mínima posibilidad de autoridad en nosotros fue el más grande error que pudimos haber cometido, entendamos entonces que la ignorancia nos hizo una mala jugada y lo que se agregue, ¡Pero ya no más!; porque lo grave del problema no es si surgió ayer, antier o el día de hoy, lo peligroso es la depresión e irresponsabilidad con la que a meses de la elección federal que definirá a nuestro nuevo primer mandatario, nos mostramos apáticos y despojados de voluntad.

En consenso de la mayoría, no hay un candidato viable o verdadero representante de la causa mexicana; unos resultan asesinos, otros faranduleros y los menos preciados optan por pregonar como apóstoles, quedando a la luz del pueblo como falsos profetas.

Es por ello que la comunidad determina una sola conclusión: Pues ya aunque sea… el menos peor; y vertimos nuevamente nuestra capacidad de evolución ciudadana en un “volado” que no esperamos ganar. Tenemos candidatos de caricatura y a reserva de TU OPINIÓN, lo mejor será no esperar la catástrofe y sanar nuestra patria a la voz de “¡Ya!”, si es necesario anular los sufragios por falta de calidad en sus contendientes, hagámoslo; finalmente somos suficientes contra esos grupos que no son más que nosotros; pero si acaso alguno convence tu elección, defiéndelo, porque otro engaño no podemos permitirlo, no sería justo; no por tus hijos, no por el futuro; sino por ti y el presente de tu trabajo y el estado social mismo que cada uno de nosotros está viviendo el día de hoy.