Proyecto AN

La crisis del capitalismo va acompañada por una crisis del pensamiento burgués, la filosofía, la economía, la moral, ya no hay el optimismo de que haya resuelto sus ingentes problemas, la fiesta neoliberal parecía interminable hasta la década de los 90, que algunos llegaron a creerse la fábula “del fin de la historia”, hay un estado de ánimo de preocupación. La predicción de Marx, sobre una crisis de sobreproducción había sido relegada al basurero de la historia, en el sentido de que el capitalismo estaba desgarrado por contradicciones insolubles y que contiene en su seno las semillas de su propia destrucción.

¿Qué queda de la vieja idea acerca de que el Estado no debe interferir en el funcionamiento de la economía? Si en 2008 todo el sistema bancario en el mundo se devastó y sólo por la inyección masiva de miles de millones de dólares y euros de la hacienda pública se enderezó, sin embargo no fue una solución definitiva pues la crisis continúa agravándose; se ha desplazado a los Estados, un enorme agujero negro en las finanzas públicas. ¿Quién va a pagar todo esto? Como siempre, los pobres e indefensos de la sociedad. No hay dinero para los ancianos, enfermos y desempleados pero si para los banqueros.

Esta crisis ha provocado la oleada de indignación, la pobreza y el recorte de expectativas a la vejez, la hipocresía burguesa ha sido desenmascarada, la falta de vivienda, la desigualdad social extrema han dejado desesperanza y degradación, está muy claro, somos el 99% versus el 1%.
Se amontonan las crisis, económica, climática, financiera, ambiental, energética, política, moral, cultural, lo expresa A. Bartra, “una crisis epocal” decimos, crisis de civilización o crisis de calentamiento social.

Un fantasma recorre el mundo, el de los movimientos sociales que se expresan por diferentes rumbos, con rasgos comunes, con métodos de auto-organización muy originales, donde los aparatos de control ya no juegan un papel significativo, para reorganizar la vida social y ciudadana que se oponen a las políticas neoliberales, hegemonizar y homogeneizar al mundo; estos movimientos son plurales, y expresan una heterogeneidad donde reside su fuerza; los mecanismos de dominación política ya nos son los contenedores del descontento.

En el plano nacional, la violencia irrumpió con su cauda de muerte y zozobra en la cotidianidad de los ciudadanos y a este desolador panorama hay que añadirle una creciente desigualdad, porque las fuerzas del poder del dinero pretenden en mantener el modelo actual, porque a la plutocracia le ha ido muy bien el reparto del botín durante los últimos 30 años, gozando de vastos privilegios y bonanza desmedida y siguen dispuestos a imponer otros 6 años a sus designios, cerrar horizontes y expoliar a las masas para su personal beneficio.

El pasado octubre vimos apenitas una señal de la esperada revolución mundial desde el corazón mismo de la bestia, en Wall Street, los movimientos populares de izquierda no pueden mantenerse atrapados en las cuerdas del cuadrilátero que ha fabricado el sistema, deben ser meticulosos para abandonar esa forma de batalla, pues por ahí donde hemos luchado, nunca vamos a ganar; es necesario emprender una nueva dimensión de respuesta. El capitalismo gobierna con métodos sofisticados, probados durante más de 200 años crisis tras crisis que ha venido brincando a salto de mata.

La izquierda, o cualquier forma de oposición, sólo podrá salir de las cuerdas si abandona la competencia engañosa de la democracia formal que tiene muy bien practicada el neoliberalismo, el monstruo corre hacia su derrumbe, por ello requerimos diseñar otros modelos alternativos, una nueva lógica cultural que nos permita construir ese otro mundo no como las utopías dibujadas, mientras que la maquinaria del imperio nos impone realidades miserables, porque son las bestias las que deciden y se han adueñado hasta de la historia.

¿Qué es lo que está en crisis? Lo que está en cuestión es el viejo modelo de dominación de la economía mundial por parte de los viejos países industrializados, durante más de un siglo su predominio industrial, tecnológico y comercial ha moldeado la dirección de la economía planetaria, sus compañías pasaron de ser de multinacionales a globales y ello contribuyó a un fuerte proceso de acumulación que es el problema crucial que implica a todos los males de nuestras sociedades.

Las causas de la indignación mundial son el desempleo juvenil, la insultante desigualdad entre pobres y ricos, la revolución de las telecomunicaciones, pero sobretodo, la mediocridad y corrupción de las clases políticas. El tejido social se desgarra en la informalidad y el crimen organizado se ofrece como salida para los desempleados. Estos rasgos permiten que, por contagio, vaya creciendo la marea de la protesta popular.

El manifiesto de Stephane Hessel, un viejo excombatiente de la resistencia francesa frente al fascismo, es un llamando a los jóvenes a indignarse que causó enorme impacto en Europa porque resumía el estado de ánimo y una propuesta central que ha recorrido todas las movilizaciones del 2011, con una propuesta concreta “indignación no violenta”.

El gran dilema de toda movilización está entre nosotros, que hemos vivido durante estos últimos cinco años, a partir del fraude de 2006, manteniendo la inquietud creativa y solidaria de los movilizados y el trato equitativo con los poderes, avanzar en la negociación sin reducir la presión social hasta llegar a un punto de inflexión en el que el arreglo del conflicto tenga un desenlace propicio para ajustar cambios en la estructura institucional. Construir desde la movilización las reglas del juego que garanticen el tránsito o el fortalecimiento democrático. Será necesario construir un pensamiento crítico para explicar esta coyuntura si hay un resquebrajamiento general que provoque inseguridad crónica.

Sí hay alternativa al capitalismo, es un sistema basado en la producción para las necesidades de la mayoría, un sistema que reemplace el caos y la anarquía con la planificación armoniosa que sustituya al dominio de una minoría de parásitos con el dominio de una mayoría que produce toda la riqueza de la sociedad. Ese sistema es el socialismo.

La crisis actual es el resultado de la rebelión de las fuerzas productivas contra las restricciones del capitalismo y una vez que sean liberadas, la industria, la agricultura, la ciencia y la tecnología serán capaces de satisfacer todas las necesidades humanas. Por vez primera en la historia, la humanidad estará libre para desarrollar todo su potencial, apoderarse de su propio destino y, gestionar la sociedad socialista.