Carlos V. López

A pesar de los intensos esfuerzos que el DIF municipal imprimió por dignificar el proyecto turístico conmemorativo de las fiestas de fin de año y reyes al inicio de 2012 por parte de la administración “rivereña” de esta ciudad; el revés fue directo al hígado maltrecho de la imagen del edil capitalino Eduardo Rivera Pérez, quien valientemente sacó a relucir lo flamante que resultó la poca asistencia y el nulo éxito que tuvo dicho proyecto.

Sin embargo, en rescate de ahogados, algunos medios de comunicación afines a la encomienda principalmente en televisión y radio, dieron cuenta de un espectáculo por demás sobrestimado, y es que habría que anteponer su participación como patrocinadores de los eventos programados dentro de la llamada “Gran Aventura de la Aldea Mágica Navideña”. Que como por arte de magia, representó más bien un señuelo de distracción entre el rezago de operaciones públicas que Rivera ha mostrado a lo largo de su aún breve gestión.

Y no es que se trate de menospreciar la iniciativa de participación y creatividad de la actual administración municipal, pero es claro que se ha llegado a la fecha de un año en el cargo y los compromisos adquiridos en campaña no se han cumplido, por el contrario, han causado un desconocimiento entre el munícipe y sus ciudadanos, y las labores realizadas hasta el día de hoy.

Como tal la concepción del proyecto fue escueta y con poca propaganda, lo que hace que de por si ya comenzara mal; aunado a la pobreza de entretenimiento y servicios dentro de las instalaciones, algunos kioscos de telefonía popular y garnachas encarecidas fueron el principal atractivo que acompañó al sitio a lo largo de los días que estuvo presente. No obstante y a pesar de las disputas y mitotes entre la comuna y la organización Antorcha Campesina, por la colocación de sus vendedores en el lugar durante dichas fechas; la participación de la población resaltó fugazmente a inicios de este mes, en eventos como el de los reyes magos en vivo y la gran rosca de reyes, lo que solo dio camuflaje a un gasto infructuoso tanto para la ciudadanía que paga sus impuestos, como para comerciantes ahí establecidos.

Algunos de estos últimos acusan perdidas del 10 al 25% en inversión, sin represéntales mayor ganancia o publicidad el haber formado parte de la seudo-fiesta ubicada entonces en el Paseo Bravo, unos más abundan en la desorganización en la repartición de espacios dentro del mismo complejo temporal. Y es que las cuentas no le van a cuadrar a Lalo en su primer año y seguramente su gris estampa se irá oscureciendo más con el paso de trienio, sin embargo, el ciudadano pedirá que justifique el por qué de tan visionario pero raquítico proyecto.

Sinceramente, no son aplausos los que le esperan al alcalde para su segundo intermedio y se pretende que la obra del “niño guapo del condado” sea más responsable y precursora de un verdadero avance estructural en Puebla capital, no solo vender piñas y velas de humo que desprestigian la región y rebajan su categoría como una de las ciudades más importantes del centro del país y la tercera más trascendente de todo México.