Carlos V. López

Quizá sea que tuve un lapsus brutus, de esos que dan cuando uno piensa en las cosas más inverosímiles, las totalmente impertinentes, dignas de terror y salvajismo aberrante. Pero es que por más que busco la cuadratura al círculo, no me es posible concebir una lógica coherente ante la deslucida ruptura entre los copetones tricolor y los mairos gordillos, que al panorama nacional previo a los comicios federales vino a darle una morbosidad mediática; francamente si resultó en cooperación de ambas banderas partidistas o en su caso, por el perjuicio para uno o la decadencia de otro es lo que realmente menos importa, la desestimación por parte del conglomerado ciudadano hacia las distintas plataformas contendientes del periodo electoral ha rebasado incluso los más bajos índices de participación ciudadana en lo que a preferencias por algún Partido Político concierne.
Sin embargo, he de ser sincero al mencionar que por alguna sencilla razón mi mente ha comenzado a maquinar una fábula despiadada, la historia más vil y cruenta que ni Alfred Hitchcock sería capaz de escribir y que en honor a mi espíritu irreverente les presento.
Supuse pues que ha sido todo en el affaire entre Enrique Peña Nieto y Elba Esther Gordillo, tras el aborto “moreirano” y la caída de lo que se fraguaba fuera el nuevo PRI, ese que contiene a los jóvenes vástagos del viejo colegio dinosaurio; es posible entonces que el camino se haya despejado un poco más para el maltrecho modelo blanquiazul, con sus precandidatos de caricatura como al Mr. Bean rabioso que ha dejado lo “corderísimo” para sus sueños guajiros de presidente, a Santiago que sufre sus espasmos de Cielo Rojo porque pasará a la historia (al menos de su parentela) como el eterno “segundón” mal querido del Partido, y a Pepita, la motita más que llegadora a la candidatura por la silla en Los Pinos según “sus” encuestas; finalmente todo es color de rosa (con vivos en azul encima del rojo sangre) en el país de No pasa nada,
Las distancias se acortan en pos de la fecha esperada y mientras algunos obradores insurgentes se deschavetan proponiendo debates como si fueran misas dominicales, el punto medular por el que mi pensamiento transita es; ¿Sí en verdad se ha roto dicha alianza?, ¿Ambas partes se distancian en concordia?; En verdad ¿Quién se beneficia con esta supuesta ruptura? ¿Por qué tanta relevancia a tal separación?
Y comencé a imaginar que quizá Quique Buenrostro descubrió que por culpa de su maestra de segundo año no aprendió el deleite por leer, y siempre tuvo la duda de si era alumno u oyente, si para fines legales era estudiante o ¿qué demonios era?, y al cabo de no tener más maestra presente, le terminó dando cuellito a la máster Elbita, la cuerera.
Seguí imaginando y vi a Ernesto, el corderito valiente, que ni de “lengua suelta” genera adeptos ciudadanos, con una postura desubicada y jacarandosa a favor de un acercamiento con la pobre maistrita abandonada, que dejada en el escenario político como novia de pueblo (ya saben, vestida y alborotada) podría servir de señuelo para sus intenciones de provocación sobre Josefina Vázquez Mota, que parece ser el principal estorbo de este “ilustre” ex-secretario federal hacia su osada aspiración presidencial. Esto le permitiría poner en riesgo la sobriedad y elegancia distintivas de la diputada postulante, si tan solo a su vez Pepita le permitiese al Johnny English, región cuatro una oportunidad de guerra sucia, dimes, mitotes y diretes; pues con la maestra Elba Esther como “second” en la contienda por la candidatura, sería más la rabia de La Motita por tener que lidiar nuevamente con el fantasma de la consentida de Vicente, el viejo zorro con botas, que durante su administración mantuvo en altar a la emperatriz del SNTE con todo su poder y dejando a la sombra a la pobre Chepina a pesar de la Secretaría de Desarrollo Social, que estaba a su cargo.
Pues como dicen, la culpa no es del indio, sino del que le encasqueta el chamaco; y a Josefina le urge saberse la elegida, a pesar de los “dados cargados” del padrino Pillo Calderas a favor del corderito valentón; no olvidemos para nuestra inquieta princesa pitufina que si aprendió bien como se cargaron los dados en la complicidad de 6 años atrás, entenderá que a Elba Esther tendrá que saberla “capotear” por lo menos en lo que “muerde el cebo la piraña”.
Y como venido en promoción miré a un Luther King de corte tabasqueño en el frente de una propaganda que me hizo temblar de la impresión ante mis ojos, en beneficio de mi calma observé que era Andrés Manuel. El mismo peje morenazo que en mi mente se enfrascaba en una lucha populista a favor de la prole, desmembraba con frialdad todos los malos manejos en el Estado de México en los últimos 10 años, arremetiendo desde el Tío Arturo, hasta con la gente bonita de la peña familiar.
Enrique, de buena estampa, pienso que quizá ya no sabe si callar o hacer fiesta para embrutecer a todos; la nena y la gaviota ya no pueden ni salir a comprar y pensé que hasta sería posible que pronto se mudaran por Chapultepec, por aquello de que Angélica tuviera llamado de novela, más que por ganar plenamente la presidencia o bien, hasta evitando la burla de todos los maestros, dígase disidentes o agremiados, que le echarían en cara: -“¿Pues no que muy “chinguiñas” sin nuestro voto, copetón?”-
Pero lo más crudo y brutal vino a mí cuando concebí la idea de que todo está puesto a modo y tamaño para la despreciada maestra Elba Esther, pues en el mejor de los terrenos, no es relevante para ella si su hija y su yerno toman hueso en la grande, sabe perfectamente que a pesar de lo endeble de su planilla Nueva Alianza (PANAL), no sólo cuenta con el apoyo político de su propio partido adquirido, sino también con un séquito considerable de burócratas, que si bien no le garantizarían la presidencia, será ventajoso más bien “a ver a quien se lleva entre las patas”, puesto que votos, arreglados o no a favor del PANAL, son directamente votos perdidos para Andrés Manuel, Enrique, y quien resulte del PAN; Ernesto, honestamente no tiene oportunidad si los comicios se realizan con apego a la ley y transparencia, Josefina vería inestable tan sólo su candidatura a la máxima justa política de México; la “izquierda regenerativa” tendría que conciliar las condiciones del magisterio sindical a nivel nacional por encima de los intereses del pueblo que tanto pregonan, y el PRI seguro se queda en la orilla un sexenio más, porque dentro del gremio salinista que apoya a Peña Nieto saben que son vulnerables con este candidato que les salió más lento, que bonito.
No se descarte la posibilidad de que Elba Esther Gordillo sea candidata a la presidencia de la república por el PANAL este año, la simple idea suena absurda mas resulta envolvente, por lo que a más de uno de estos señores los ha puesto a discernir posturas; por ahora se espera la prostitución de la plataforma nuevaliancista ya sea por la izquierda, la derecha, o bien la retractación. ¿Quién será el guapo que se tome la molestia de endulzarle el oído a La maestra?