Nuevo Proyecto de Nación

La historia de México confirma que la aportación de los creadores ha impulsado el avance de grandes causas nacionales, los valores colectivos y la democracia. En la actualidad, la promoción de la cultura en la vida cotidiana es la mejor manera de enfrentar la descomposición social, la corrupción la violencia y la delincuencia. México tiene que reconocer y promover su diversidad cultural, fomentar y proteger los más de 56 idiomas que se hablan.

La cultura es fundamental en el desarrollo social y económico de la nación. Al impulsar el espíritu de innovación, el pensamiento crítico, la disposición al cambio y a manejar las nuevas tecnologías, también se promueve el desarrollo, pues las propias actividades culturales son fuentes generadoras de empleo, ingreso y riqueza además del bienestar social que supone una sociedad cultivada.

La profesionalización de cada uno de los eslabones que componen la actividad artística y cultural, esto comprende desde la educación artística en la educación básica implementada con programas que acerquen a los niños más que los vacunen contra ella, hasta la formación de técnicos profesionales en producción y gestión cultural. La cultura no es accesoria, es una de las capas sobre las que se sostiene toda comunidad, y mientras más robusta y horizontal sea, la sociedad que descansa sobre ella será más fuerte y diversa.

El Estado y los gobiernos deben ser promotores y difusores de la cultura; pero en vez de asumirse como los generadores de una “cultura oficial”, deben alentar las propias iniciativas de los creadores culturales. Los esfuerzos y recursos deben encaminarse a promover programas y proyectos que tomen en cuenta las demandas culturales de la sociedad y compartir la responsabilidad con los creadores, instituciones culturales y organizaciones sociales y ciudadanas interesadas en la cultura, para impulsar una cultura democrática que incluya el disfrute y acceso a la cultura a los que han estado excluidos en este derecho fundamental.

Principios de una política cultural democrática

La promoción de la cultura debe hacerse sobre principios de equidad, democracia y fortalecimiento de valores solidarios y comunitarios, así como a favor de identidad y soberanía nacionales. La equidad significa buscar romper la tendencia de que la cultura es para una minoría que puede pagar, para los que pueden disfrutar la oferta cultural y al final, para la mayoría de la población que carece de capacidad económica y formación básica para acceder a os bienes y actividades culturales.

La formación cultural y artística, debe comenzar desde la escuela básica, primaria y secundaria, que deben incluir en sus planes de estudio la lectura, la formación estética, artística y literaria que propicie en los niños y jóvenes la atracción por el disfrute de los bienes culturales y de la creación artística. De esta manera se fortalecerán el sentido humanístico de la educación y plural de la identidad nacional y el aprecio a los pueblos que integran México y el mundo, al conocer las diversas culturas de la nación y los aportes de la cultura universal.

Las instituciones culturales públicas deben propiciar el acceso a todos en sus programas y servicios, buscando que sean gratuitos y de calidad para los sectores más desfavorecidos. Los bienes y actividades culturales no deben brindarse sólo en escenarios tradicionales, hay que acercarlos a los lugares en que vive, trabaja o pasea la gente, haciendo presentaciones en pueblos, colonias y localidades de todo el territorio nacional. Se debe promover la descentralización en la formulación de programas, proyectos y actividades culturales. El Estado debe ser promotor de una red de organismos culturales en todos los rincones del país.

Uno de los ejes principales de la política pública, es el impulso de una cultura democrática, de valores, actitudes y prácticas de convivencia que impulsan la participación colectiva y contrarrestan la pasividad y el inmovilismo promovidos por el dominio del mercado y de una cultura autoritaria. Dicha cultura democrática debe fortalecer la conciencia de los mexicanos sobre sus derechos y obligaciones como ciudadanos; sobre la igualdad de género; sobre el respeto a la diversidad de culturas en el país y el combate al racismo; sobre el valor de la legalidad y la moral contra la corrupción; sobre la necesidad de cultivar la convivencia armónica contra la violencia.

La cultura democrática implica tomar en cuenta las culturas indígenas como parte fundamental de la cultura nacional; facilitar las expresiones culturales, lingüísticas y políticas de migrantes, grupos juveniles, de mujeres, de movimientos que reivindican derechos y libertades; así como a quienes promueven una conciencia ambiental responsable y nuevos hábitos ecológicos que protejan la naturaleza y el medio ambiente.

El desarrollo económico que proponemos, basado en el mejoramiento de la vida de la gente, incluye el impulso a la experimentación, la creatividad en todas sus formas y la apertura a las innovaciones científicas y tecnológicas. Para ello se requiere que la educación y la cultura sean accesibles para todos. Es indispensable dotar a la sociedad y a los creadores de una infraestructura cultural que responda a sus necesidades, abrir nuevos espacios públicos y apoyar los ya existentes.

Se debe poner énfasis en los estados con mayor rezago educativo y cultural. Para impulsar la lectura se abrirán bibliotecas, salas de lectura y librerías, sobre todo en las entidades que carezcan de este tipo de instalaciones. Se impulsará la creación de museos, casas de la cultura, teatros y salas de cine. La propuesta es que haya una orquesta en cada pueblo, un coro en cada pueblo, una biblioteca en cada pueblo, un foro, un cine, una galería en cada pueblo. Se debe establecer una programación mínima de producciones nacionales en cines y teatros. Se fortalecerá el sector cultural del Estado para cumplir con su responsabilidad social, pero también debe promover la colaboración y la participación social, comunitaria y privada.

México es muchos Méxicos, y en esa pluralidad reside su riqueza. Es fundamental reconocer esa fortaleza, propiciar su impulso desde el poblado más remoto hasta la más alta institución cultural o artística. Un proyecto de nación incluyente debe salvaguardar y auspiciar la diversidad cultural de México y promover el diálogo con lo más representativo de las culturas del mundo y la creación humana.