Alejandro Baca

El húmedo sabor de la tierra va aflorando los poros por los que se sumerge y

se sumergió la brisa de Octubre, el tierno follaje reboza a la altura de los ojos

de la lechuza, que más alto aprieta las garras y toma un descanso y más bajo

que de costumbre enfila su mirada ámbar al suelo y envidia la tierra en vida, la

tierra vida y vívida en la que se entierran las lombrices, pues bajo tierra no hay

“abismos”, no existe la indecisión; bajo la tierra, solo tierra y más tierra, en las

entrañas de las aves envidian la Tierra y las liebres envidian el cielo y entrenan

saltando, pero al elevarse extrañan y sueltan las nubes que se precipitan.

La lluvia de Octubre humedece y tierno sabor estalla granadas que rojas

estallan y caen y ruedan y abrazan la tierra. Las aves entierran en vano

ensueño del pantano florido, que siendo líquido ha echado raíces sobre las

nubes del llano y verdes las hojas flotan y las ranas flotan y pasan la vida

estirando las ancas, infancias liquidas de sueños y ensueños de la voluntad.

La tierra es voluntad, áspera y desentrañable voluntad de la tierra que

empalma e ingeniosa de un salto te espera; volver, mientras más alto menos

espera pues su voluntad es incontable como la arena y su gravidez titánica, al

que con zapatos alados siempre te vera volver, pues las calzas son calzadas y

las calzadas son caminos, y los caminos van sobre la tierra.

Estoy hablando de poetas y voluntad y los poetas sueñan y el sueño no

pertenece al que lo sueña, una figuración sin figuras, y las figuras son de la

tierra, las nubes andan sin forma , las aguas se escurren como los sueños y

en el filo de la palabra se encuentran los poetas, y de ahí el abismo, la

imposibilidad de la palabra, de mí palabra y de mis sueños que sueñan con

volar, ¡Si volar!, volar sobre la tierra y ver a las lechuzas, a las ranas y a las

liebres que sueñan con la imposibilidad de la voluntad.

Es la voluntad de la tierra que se arrastra titánica, del día a la noche, de la

noche al día como cambiando la hoja a un libro que nunca acaba y solo ella

sabe cuando empezó. La tierra es un libro, es una historia contada por un loco,

llena de ira y furia y que no significa nada. Un libro que esconde secretos, y sí

lo desentrañáras encontrarías del otro lado un libro, es la tierra, y todo es tierra,

y polvo somos y polvo seremos, el polvo que cubre un libro llamado Pangea, a

la que equívocamente dejaron de llamarla así, pues el pan es tierra y debajo de

los mares, hay más tierra y encima de los cielos hay mas tierra, cósmica pero

tierra.

Ícaro, que no supiste apreciar a tú padre y ahora descansas en la inmensidad

del océano, tu que quisiste besar una estrella y te quemaste los labios, las alas

trágicamente derretidas por la cera y la voluntad de la tierra.

Te hablare de la tierra, te hablare del poeta y ¿Qué con la voluntad? Pues la

voluntad será la tierra, la voluntad de un poeta que volara con zapatos alados y

siempre despertara en la tierra, esa es la voluntad que sobre los sueños exigirá

un amanecer, un día de lluvia de Octubre, una granada, una liebre, una

lechuza, una rana, ese olor húmedo de la tierra.